La ciudad, el niño y el árbol

Autor:Manuel Ortega Álvarez

http://www.revistapaquidermo.com/archives/7532

En un céntrico barrio capitalino, a orillas de la carretera principal, vive un niño dentro de un árbol. Su rostro, tan pálido como enigmático, contrasta con el rojo de su nariz de payaso y el azul de un traje que apenas se insinúa entre la rugosa corteza de una tosca ventana. Apesadumbrado, se asoma y mira, como quien huye de un lugar maldito, el infortunio de un San José que se hunde irremediablemente en sus miserias.

Cada vez que paso cerca de ese lugar me resulta imposible evitar el cruce de miradas. Desde su árbol el niño me observa, sus ojos me atraviesan, su silencio me interroga; amedrentado vuelvo el rostro y procuro entonces no mirarlo más. Y mientras me alejo, presumo que el pequeño ha logrado contemplar con claridad implacable, a fuerza de enfrentarla diariamente, la lenta agonía de una ciudad que otrora presumía su hermosura.

Wittgenstein, en las Investigaciones filosóficas, traza una comparación entre las ciudades y el lenguaje: así como la construcción de casas nuevas al lado de casas viejas, o de calles rectas a la par de plazas antiguas, cambia el aspecto de las ciudades, el lenguaje se transforma incesantemente para dar paso a nuevos modos de expresión. Evidentemente no era una ciudad como San José la que Wittgenstein pensaba, pues en ella el símil cobraría un sentido diferente, más cercano al mudo final del Tractatus que a los juegos del lenguaje de las Investigaciones. No es un exabrupto pesimista sospechar que bajo la tutela de ciudadanos y gobernantes josefinos, la ciudad wittgensteiniana simplemente desaparecería, su belleza se convertiría en confusión, la confusión en caos y el caos en decrepitud. Callar y llorar, como Jeremías sobre las ruinas incendiadas de Jerusalén, parecería la reacción normal de quienes fueran testigos de semejante espectáculo.

En Las ciudades invisibles, Marco Polo describe dos ciudades —Octavia y Baucis— a Kublai Kan, el Gran Jan de los tártaros. La primera, la ciudad telaraña, cuelga de un precipicio entre dos montañas. Todo en ella se ha construido en el vacío, sujetado por cuerdas y cadenas: casas y escaleras, terrazas y montacargas, teleféricos y odres de agua, asadores y lámparas, se aglutinan en edificaciones que crecen hacia abajo, aferradas a una red que les sirve de base invertida. Los habitantes de Octavia, suspendidos en el abismo, poseen menos incertidumbres y menos temores que los de las otras ciudades, porque saben sin lugar a dudas que la resistencia de la red tiene un límite, y que el día que su telaraña se rompa, por fin caerán.

Baucis —continúa Marco Polo— ha sido construida, sobre zancos, por habitantes que teniendo arriba todo lo necesario para vivir, raramente descienden a la tierra. Tan alta se levanta Baucis sobre el suelo, que los forasteros que la visitan por primera vez no se dan cuenta que ya han llegado, pues lo único que ven son los gigantescos pilares que se alzan distanciados entre sí, en cuyas cúspides reposa, inalcanzable, la ciudad. Se desconoce por qué sus pobladores se han alejado de la tierra; pudiera ser porque la odian, o tal vez por un acto de respeto traducido en reverencial distanciamiento. Lo más probable sea que prefieren verla tal como era antes de ellos; por eso se rumora que los baucisianos, con largos telescopios, no cesan de observar minuciosamente la tierra, para contemplar en ella, extasiados, su propia ausencia.

Una extraña similitud entre la mirada escrutadora del pequeño del árbol y las letras de Calvino me hace pensar que Octavia, pendiente siempre de una telaraña que cuando se rompa arrojará a sus habitantes al abismo, o la tierra fantasmal a los pies de Baucis, no parecen diferir mucho del centro de San José. Caminar por alguna de las calles capitalinas, o ver las suntuosas edificaciones que se levantan en las afueras del casco urbano bastaría para comprobarlo. Y si, por un lado, quienes se hunden diariamente en los rincones josefinos logran presentir un desenlace fatal y una caída irrecuperable, por el otro, pareciera que aquellos que se alejan aterrados buscan tranquilizar sus conciencias, mientras contemplan, cómodos en la lejanía de sus palacios, el abandono inminente de la capital.

Suelo imaginar que algún día pasaré por la calle donde vegetaban el pequeño payaso y el árbol, pero ya no estarán ahí. Sus vidas, irremediablemente unidas por la verde savia, se secarán cuando mueran sus raíces, o quizás cuando un nuevo plan urbanístico reclame — para el progreso josefino, claro está— menos vegetación y más edificios. Recapacito después y me digo que cavilar tal cosa es un acto de visible arrogancia, que es imposible saber quien morirá primero, si la ciudad, el árbol, su pequeño huésped o tal vez yo, que desarraigado por completo de la tierra, comparto con el resto de los mortales la dudosa suerte de los apátridas.

Efraín Méndez expone "De regreso al bosque"

Semanario Universidad Cristian Esquivel Ramírez

Artista vive la naturaleza y la infancia mediante el grabado
Efraín Méndez, pintor y grabador, presentaDe regreso al bosqueuna colección que valoriza la soledad como el momento íntimo consigo mismo, instante en que los pensamientos y sentimientos se dejan escapar y recorren lugares desconocidos.Esta colección de grabadosse expone en el Restaurante Ome, ubicado en Plaza Antares. Al costado sur oeste de la Rotonda de la Bandera en San Pedro. La entrada es gratuita.Además, el próximoviernes 13 de abrileste joven artista presentará sutesis de licenciaturade la Escuela de Artes Plásticas sobreInvestigaciones gráficas en el dibujo infantil, será a las5:00 p.m. en la Facultad de Bellas Artesde Universidad de Costa Rica.

Grabados ligados a la naturaleza

Méndez creció en una finca en Guápiles, se acostumbró a jugar solo, irse de explorador hacia el río y vivir experiencias que nadie más podía entender, eran sólo suyas y de la naturaleza, nada más.Según su opinión, estas experiencias son las que lo han llevado a darleuna valorización a la soledadtotalmente distinta a la que tenemos comúnmente, viéndola como ese momento íntimo donde gran cantidad de cosas pueden suceder, ese encuentro consigo mismo.

Ligado a su trabajo con la naturaleza, ha realizado algunas intervenciones en árboles tal comoel árbol de higuerón ubicado en las cercanías de la Facultad de Educación; inspirado en el relatoFábula del bosque,de Fernando Centeno Güellpintó algunas de sus partes y lo tornó en propuesta interactiva y efímera, es decir, arte público.

Las obras del artista fueron seleccionadas dentro de las 100 primeras obras de Artists Wanteda finales del 2011.Artists Wanted es un proyecto colaborativo entre varios artistas de la Ciudad de Nueva York y organizaciones creativas que trabajan para construir nuevas oportunidades durables para el talento emergente y exponerlo al mundo.


Fábulas y personajes en el higuerón de Educación

Semanario Universidad Escrito por José Eduardo Mora

Inspirado por el relato “Fábula del bosque” de Fernando Centeno Güell, el artista y estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR), Efraín Méndez, realizó un trabajo en el árbol de higuerón ubicado en las cercanías de la Facultad de Educación.

Tras una serie de preparaciones de la corteza del árbol el cual había sido cortado debido a su estado, Méndez pudo efectuar su obra, que es una propuesta pública y efímera, pero atractiva porque permite la interacción.

Méndez reconoce que no sabe de muchos antecedentes de esta técnica fuera del país y que comenzó con esta idea en el 2010.

“La técnica de intervenir árboles, en mi caso, no ha venido de otro lugar, viene de una iniciativa personal, de la intuición de hacerlo. En el 2010, cuando hice mi primera intervención en un árbol, no tenía referentes, solo pinté, y cambié el formato con la idea de hacer arte público. La intervención pictórica de árboles en Costa Rica ha sido poco frecuente, igual que en otras latitudes”, expresó a UNIVERSIDAD.

La “Fábula del bosque” instalada en el higuerón citado es la primera obra en un espacio de una institución pública, dado que ya había experimentado en la Plaza de la Democracia, en la calle principal de los Yoses y en las afueras del colegio Calasanz, en San Pedro.

Visualmente, este tipo de trabajos son atractivos, porque no solo rompen con lo convencional, sino que se hacen en armonía con la naturaleza, dado que, como sostiene Méndez, en ningún momento perjudica al árbol.

“El intervenir árboles establece una relación de comunicación del arte con la naturaleza. La aplicación técnica es un diálogo que viene de su mutua comprensión, porque se propone una transición entre la realidad y la fantasía.

Si bien la intervención afecta al árbol en el plano visual, las intervenciones están en la corteza más externa del árbol, la cual está formada por células muertas y sirve de protección contra los agentes atmosféricos e insectos”, dijo.

La propuesta de Méndez ya está concluida, por lo que quienes transiten por las cercanías de Educación podrán apreciar el proyecto. Además, esta le sirve al estudiante para su graduación en la licenciatura en Artes de la UCR.

Aunque de entrada parezca que este tipo de pinturas en los árboles pueda responder a una técnica fácil, en realidad sucede todo lo contrario, pues el artista debe almordarse a las condiciones del espacio intervenido. La recompensa es que la interacción con el público es mayor y más abierta.

“Las características de los formatos en los que se trabajan, como la altura, diferentes ángulos y dimensiones, junto a las condiciones climáticas de la intemperie han sido las particularidades en la ejecución de estos proyectos.

Por tratarse de intervenciones y apropiaciones menos tradicionales en espacios públicos y con elementos de la naturaleza, el interés e interacción del público con las obras es más amplio, así como la comunicación. El sentido de pertenencia en el espacio público es mayor”.

La función del artista en esta novedosa técnica para el país no consiste solo en la pintura en sí, sino en poner en perspectiva una interpretación de la obra elegida y dar “vida” a los personajes y elementos que la configuran.

En el caso de “Fábula del bosque”, están representados el búhuo, los escarabajos, los pájaros y las hormigas. “Es un mundo simbólico, de poética y quimérico”, afirmó Méndez.

Pese al esfuerzo que conlleva el arduo trabajo en un árbol para darle un complemento artístico, el creador sabe que esa pieza está expuesta a las inclemencias del tiempo y que en un lapso específico se deteriorará. Se trabaja con base en dicha premisa.

“Son proyectos transitorios, la aplicación de los pigmentos es superficial y las condiciones de la intemperie irán causando variación en la obras”.

Efraín Méndez: Comprensiones de la identidad a partir de la niñez, la naturaleza y la soledad.

Mauricio Oviedo Salazar

Historiador de Arte

El artista Efraín Méndez crece en una finca en Guápiles, teniendo gran cantidad de espacio disponible para jugar. Ya desde pequeño la relación con el bosque y lo fantástico en él se hacen fuertes. Se acostumbró a jugar sólo, irse de explorador hacia el río y vivir experiencias que nadie más podía entender, eran sólo suyas y de la naturaleza, nada más. Estas experiencias son las que lo han llevado a darle una valorización a la soledad totalmente distinta a la que tenemos comúnmente, viéndola como ese momento íntimo donde gran cantidad de cosas pueden suceder que se convierten en material base para la construcción del ser.

Según lo que recuerda, entre los 4-5 años, tiene su primera cercanía artística tomando las espinas caídas de un árbol de Jabillo y un cartón, encima de este realizó una composición tipo collage. Claro esto fue sólo un momento lúdico para él, ni siquiera había intención alguna de crear una obra, era nada más crear formas en una base de cartón con el material disponible y que le resultase atractivo. Esta noción de expresión creativa en la infancia va a resultar esencial para una serie de obras en las que trabaja actualmente, donde se crea un diálogo entre el objeto artístico ya hecho y la intervención que realiza un niño en él.

Otra cercanía temprana y más directa hacia las artes en su vida fue visitar el taller donde su madre trabajaba con cerámica. Desde ahí inicia una enseñanza visual al ver cómo y con qué se realizaban los distintos objetos, observando materiales, técnicas, etc. A partir de esto se interesa por hace más collages, con distintos materiales como fieltro, lana, lentejuelas y lo combinaba dibujando, todo siempre bajo la noción de diversión, ya que, ultimadamente le importaba mucho más el proceso de ver qué objetos y cómo posicionarlos al resultado final que podía obtener.

A los 7 años se empieza a meter más en las prácticas artísticas y le da por dibujar constantemente en un cuaderno. Así es como pasa su niñez y el colegio, todas las tardes llegaba a su casa y se dedicaba a dibujar y colorear. Desde esta edad Efraín estaba decidido a dedicarse a las artes, y a pintar. No le interesaba qué podía significar o ser el arte o el mundo artístico, pero eso que hacía era lo que más le gustaba. Por ahí de los 9 años se pasan de Guápiles a Coronado.

A los 10 años, junto con un amigo, se le ocurre hacer murales en la tapia de un “Play” que había cerca de su casa, dibujando con carboncillos a mano alzada. A los 12 años ingresa a estudiar dibujo en la Casa del Artista, aquí aprende bajo la tutela del profesor Ricardo ¨Chino¨ Morales. En esa época se iba a realizar una exposición en la Casa de la Cultura de Puntarenas, durante el proceso de selección su maestro selecciona una obra hecha en tiza pastel realizada por el artista, teniendo así su primera colección colectiva. Después de un semestre ahí, estudia dibujo en los cursos libres de la sede del TEC en Barrio Amón.

A partir de los 13 años se empieza acercar a la literatura, mayoritariamente hacia la poesía, leyendo primero los libros que encontraba en su casa, como César Vallejo, Rubén Darío y a Pablo Neruda. La forma narrativa de la poesía va a ser importante a la hora de ver la obra de Efraín, ya que sus cuadros no pretenden hacer una narración clara de los eventos, sino que nos muestran fragmentos que nos remiten tanto a la fantasía como a la realidad que se encuentran dentro de la identidad del ser humano.

En esas épocas, la tienda Jímenez y Tanzi formaba parte de la organización de un evento de dibujo para niños que se realizaba a nivel internacional, creándose premios para cada uno de los países participantes. La profesora de artes de su escuela (Colegio María Inmaculada) decide ponerlo a participar y Efraín gana, obteniendo como premio gran cantidad de materiales de artes. Con esto el artista se introduce más dentro de las artes utilizando todo lo que estuviese disponible a su alcance.

A los 14 años se hace un caballete y empieza a pintar, experimentando, sirviéndose de lo que había aprendido anteriormente, continuando de esta manera hasta que finalmente a sus 18 decide volver a entrar a la Casa del Artista al énfasis de pintura. Efraín empieza a pintar con mayor dedicación y de manera constante en el año 2000, en la Casa del Artista, concentrándose en representaciones que resultaban referentes hacia las alucinaciones y a juegos respecto a la conciencia y la realidad, creando imágenes confusas, valiéndose a un nivel plástico de desnudos y veladuras de un cierto color tierra.

La pintora Sofía Ruiz, su novia en esos momentos, le empezó a regalar gatos, pero todos llegaron a morir de manera bastante trágica en el transcurso de dos años. A partir de esto se le ocurrió empezar a pintar gatos. Esta decisión viene acompañada de un cambio en la manera de pintar, tanto en forma como en el uso de colores, pasando de utilizar colores bastante monocromáticos y a usar más variados y vivos. Estas dos temáticas, las alucinaciones y los gatos, eran más que todo la excusa para pintar algo, pero todavía no había un compromiso real con alguna temática que resultara de gran interés para el artista.

Estuvo casi tres años en la Casa del Artista e inició sus estudios universitarios en la UNED, ingresando posteriormente a Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica. A esta edad parte a vivir con una tía en Santa Ana. Con escaso dinero se iba a las tiendas de ropa usada comprar sábanas, las pintaba de blanco con acrílico y la pegaba a una tabla de “Plywood” con chinches para así poder pintar obras en gran formato.

Estos cuadros los logra empezar a vender, todavía a muy bajo precio pero ya empezaba a tener algún ingreso a partir de las artes plásticas. En la Universidad de Costa Rica ingresa a Grabado con la intención de mejorar su dibujo además de que llega aprender gran cantidad de técnicas muy distintas a lo que conocía anteriormente. Ahí se gradúa en el 2010 a nivel de Bachillerato en Grabado, complementando con la pintura, trabajando en su taller.

Ya en la universidad empieza a pintar personajes de mascaradas, este es el primer tema en el que el artista posee un objetivo y empieza a explorar las nociones de identidad en el ser humano, notando una falta de la misma, entendiéndola como algo que debería de ser en principio propio. Nada más somos un constructo del mercado, y esa supuesta identidad es algo que recibimos y ni siquiera objetamos y más bien nos desesperamos por tener, ya que ni siquiera nos sentimos capaces de crear tal cosa. Para Efraín, la identidad no puede ser esta, sino que debe de ir más allá del medio impuesto, y hacer de la misma un asunto crítico y de reconocimiento de sí.

Los medios de comunicación son los que dominan, y sus objetivos terminan siendo lograr controlar de alguna u otra manera nuestras formas de pensamiento, donde se nos monta una supuesta libertad pero que en realidad se encuentra contenida dentro de una serie de parámetros que el mercado da.

Claro, el tema es bastante extenso y complejo, así que el artista decide concentrarlo hacia la identidad latinoamericana y la reconstrucción constante a partir de los sincretismos que se crean entre el pensamiento indígena, la conquista, y por ende la religión cristiana. Estas temáticas eran las que se veían reflejadas en las mascaradas, y es lo que siguió representando durante casi dos años. A partir de esta temática y los personajes representados, un día, en el 2008, dentro de un cuadro con distintos personajes decide pintar una niña con nariz roja, como una payasita, dando el primer paso a la representación de figuras humanas y no sólo a estos personajes fantásticos.

A partir de este cuadro y de esta pequeña, Efraín empieza a profundizar y delimitar aún más su tema, centrándose en la identidad individual. Si queremos construir una identidad en donde no predomine toda la contaminación visual y mercantil actual, debemos de dirigirnos hacia las raíces y pensar en uno como ser individual, creando un análisis crítico de cómo afectan los constructos del mercado en nosotros, y si realmente somos quienes decidimos cómo estamos o sólo seguimos una línea. Volver a las raíces no es un intento de querer ser anticuado, es ver qué éramos y pensar qué estamos siendo, cómo estamos siendo eso, y si realmente estamos bien así.

El artista empieza a investigar cada vez más respecto al tema y se llega a dar cuenta de la importancia que llega a poseer la infancia para lo que somos cada uno de nosotros hoy día. Así inicia un proceso de construcción de la identidad a partir de la niñez por parte del artista. Para un niño, los objetos llegan a significar más allá de su función, y al tomarlos, logran crear historias impresionantes que nos remiten a realidades que se encuentran más allá de la nuestra.

A un nivel plástico se llega a notar una serie de transformaciones en sus cuadros, donde cada vez más incluye niños en conjunto con esos personajes fantásticos que había creado a partir de las mascaradas, al punto de llegar a pintar en ciertos cuadros sólo a niños. El uso y selección de colores impresionan ya que muestran la gran serenidad en sus cuadros, además de que llegan a funcionar como elementos claves para la creación de ese espacio imaginario y tan íntimo. Así, aunque hay formas definidas, otras solo se insinúan, llegando a un punto de abstracción, y estableciendo por ende un diálogo entre este y lo figurativo.

A partir del 2008 empieza a pintar niños, concentrándose en aspectos como la creatividad, la fantasía, la imaginación y todo lo referente que pueda utilizar respecto a la misma. Desde ese momento hasta el día de hoy, el artista sigue tratando esta temática ahondando en aspectos tanto psicológicos como sociológicos respecto a la infancia, logrando fundamentar su obra y expandir a su vez la manera de representación.

Actualmente inicia un proyecto en donde los niños empiezan a intervenir directamente los cuadros realizados por el pintor, creando una especie de coautoría y resignificando la obra, dándole un sentido lúdico. Incluir la creatividad y pensamiento de un niño en una obra realizada bajo conceptos racionales y discursivos concretos le aporta a la misma un choque de visiones respecto al tema. El artista nos habla del sujeto, y el sujeto interviene la obra que se supone nos habla de él mismo, dándole una noción totalmente distinta a la que teníamos. Ya no es sólo una representación de algo, sino que es el choque de esta con lo representado interviniendo.

A parte de la niñez que es la temática central en sus obras, se notan otros dos elementos que la envuelven y complementan, y que la manera de representarlos es lo que hace tan rica la obra a un nivel plástico. Estos elementos son el uso de la naturaleza como ambiente que envuelve a los personajes y la soledad no como algo negativo, sino como ese momento donde se experimenta algo que termina perteneciéndole a uno y nada más. Muchas de las obras de Efraín dan ese sentido de serenidad, y de que de alguna manera los personajes dentro de sus cuadros están en un momento bastante íntimo, que sólo la naturaleza puede compartir con ellos, y nosotros, gracias al artista.

También inicia una serie de cuadros donde no incluye figuras y le da importancia a esos espacios que pueden resultar fantásticos pero que nos remiten de alguna manera a la realidad, uniendo la naturaleza o formas abstractas que remitan a la misma con “Casas del Árbol” construidas a partir de distintos referentes arquitectónicos. Además también inicia un proyecto que se concentra en la maternidad, mostrando la relación de madres jóvenes, con sus hijos, igual insertándolos en un escenario sumamente sereno, en donde se ve la unidad entre ellos.

Efraín le da importancia a la madre y los lazos afectivos que esta construye con ellos, lo ve como un factor esencial dentro de la identidad del niño, y por ende, del ser humano.

Por último, trabaja en una obra de mayor envergadura, interviniendo árboles , utilizando pintura y con figuras de niños y seres fantásticos. Esto lleva el trabajo de Efraín hacia otro plano, entrando en una relación con la naturaleza totalmente distinta al que había tenido anteriormente, donde se elimina el canvas. Este proyecto, al ser aplicado hacia árboles secos, tiene como pretensión ser efímero y que con el tiempo, el clima y el ambiente en torno a ellos hagan su trabajo, y transformen la obra constantemente hasta que esta se desaparezca.

Como hemos visto, la obra de Efraín gira en torno a la identidad, y desea proyectarla a través de la base en común de la misma, que es la niñez. Esto llega a mezclarse con las mismas nociones de identidad e infancia del artista, recordándonos las verdaderas raíces del ser humano, como lo es el bosque y lo natural, además de los imaginarios que hemos construido que son parte de lo que entendemos como cultura. Los seres fantásticos son sólo nuestros, nuestra niñez también, y ese momento que experimentamos en nosotros mismos nadie puede entenderlo. Efraín Méndez logra mostrarnos por medio de las artes plásticas esos escenarios íntimos, fantásticos y naturales, donde el ser humano empieza a comprender quién es, y cuál es la relación e importancia que posee con su entorno.

Noticias Efraín Méndez muestra su 'Quimera'

La Nación Agosto 2010

Por ÁNGELA MARTÍN | COLABORADORA LN

El joven pintor costarricense Efraín Méndez transmite en su colección de acrílicos Quimera el sentimiento de "que la infancia es una etapa vital". Méndez opina que aunque se llegue a la etapa de adulto, "nunca debemos de sentir que dejamos de ser niños, debe ser una quimera interna que debe estar allí". Sostiene que mantener el espíritu infantil "nos ayuda como adultos a sentir una paz interior", una paz que él busca que emane de su obra.

Las piezas de gran tamaño, se enmarcan dentro del arte figurativo, que representa la forma humana en detalle y en ambientes reales. La obra es un canto a la luz, a la naturaleza y a las escenas cotidianas. Méndez nos anima a mirar a través de los ojos del niño de cada uno, para que no olvidemos nuestra identidad pues, según dice, "es algo que todos tenemos, en un determinado lugar, y eso nadie nos lo quita y no lo debemos olvidar". La exposición sintoniza bien con este salón, de grandes ventanales; tanto obra y espacio se fusionan desprendiendo claridad. La luz y los tonos vivos son tónica general de Quimera.

Trayectoria. Esta es la quinta vez que Méndez expone de forma individual. En el transcurso de su evolución, señala el interés que ha tenido en trabajar en la construcción de la identidad. Desde el 2007 empezó a trabajar en la tradición de las mascaradas populares latinoamericanas por la idea de la identidad colectiva. Después, fue profundizando en la identidad individual. De ahí su interés por la infancia como una construcción de la personalidad. "Es el primer contacto y el entorno en el que crecemos", argumenta el artista. A la hora de hablar de sus composiciones, las define como abiertas, libres y en armonía. En sus paisajes se basa "en las partes intrínsecas de uno mismo: pongo un niño y la construcción del entorno es producto de su misma imaginación. Siento que el actor construye el escenario". Responde con optimismo ante la situación actual del arte costarricense.

"Hay una ebullición, mucha gente que hace cosas nuevas e interesantes", afirma. Quimera es una apuesta de Alianza Francesa para darle espacio a artistas emergentes, según dice Isabel Madrigal, encargada cultural de la institución. "Los artistas jóvenes son los que necesitan darse a conocer y que lo tienen más difícil en otros sitios", asevera Madrigal.

Efraín Méndez plasma en el lienzo recuerdos guapileños

La Nación Setiembre 2008

Por: ANDREA SOLANO B.

Cuando el joven artista costarricense Efraín Méndez recuerda aquel Guápiles en el que transcurrió su infancia las imágenes pueblan sus cuadros. Su tercera exposición individual El Cerco, que se exhibe en la Galería Amón, traslada al espectador a paisajes que son producto de sus memorias infantiles.

La muestra presenta una serie de nueve pinturas hechas en el 2008 con la técnica de acrílico. "En mis cuadros construyo paisajes que no son realistas, sino psicológicos pues surgen de las imágenes que quedaron fijas en mi mente de cuando era niño", explicó Méndez. Esos escenarios idealizados están habitados por niños y niñas, quienes son los encargados de revivir esos recuerdos. Otros elementos visibles en los cuadros como "el pajarraco" y los perros son producto de la imaginación de esos personajes infantiles. "Como esos niños recrean mis propias vivencias, la gente puede ver esos paisajes y esos animales gracias a que ellos se los imaginan", dijo el artista de 26 años.

Etapa clave. La propuesta de Méndez es una reflexión sobre cómo las personas definen su identidad. "Durante la niñez, el ser humano es muy susceptible a las influencias del ambiente sin cuestionar qué es bueno y qué es malo", declaró el pintor. El título de la exposición, El Cerco, tiene que ver con las barreras mentales que impiden a los individuos actuar de cierta forma.

"Tiene una connotación psicológica de los límites reales o imaginarios con que nos encontramos en nuestro proceso de formación hacia la edad adulta", opinó la administradora de la Galería Amón, Carolina Coto. Los cercos eran, además, las barreras que de niño el artista podía ver en aquellos extensos campos guapileños. "Los cercos servían para dividir las propiedades; entonces también son una metáfora de los límites que existen entre los seres humanos", agregó Méndez. En cuanto a la paleta de color, prefiere dar luminosidad y vivacidad con tonos claros.

"El Cerco" de Efraín Méndez

La Prensa Libre Setiembre 2009

Sandra González Vargas

El artista muestra en sus cuadros las imágenes presentes en sus recuerdos buscando reflexionar sobre los aspectos psicológicos de la formación de la personalidad y del yo con base en el ambiente que les rodea.

"El Cerco" consiste en una serie de pinturas que representan paisajes idealizados a partir de las memorias infantiles de su autor. El artista nos muestra en sus cuadros las imágenes presentes en sus recuerdos pero atribuye finalmente en su discurso plástico estas escenas a la proyección de la imaginación de los personajes que conforman las obras --usualmente niños- buscando reflexionar sobre los aspectos psicológicos de la formación de la personalidad y del yo con base en el ambiente que nos rodea. El elemento del cerco constituye parte de ese recuerdo real del aspecto de los paisajes que circundaban al artista en su infancia en Guápiles y de la connotación psicológica de los límites -reales o imaginarios- con que nos encontramos en nuestro proceso de formación hacia la edad adulta, como nos comenta el artista: "El título de la serie corresponde a un elemento muy general en el paisaje, los cercos, o en general, los límites naturales o artificiales que indican dónde termina o se divide el espacio con sus correspondientes cambios de geografía, clima, cultura, etc., lo cual interpreto plásticamente como la capacidad que tiene el medio ambiente en que nos desenvolvemos para actuar e influir directamente sobre nuestras conductas, acciones físicas y psicológicas".

Mi esquina

Periódico Al Día Mayo 2008

Por: Yensy Aguilar Arroyo

Más arte en la Galería Nacional

La Galería Nacional se engalana con las exposiciones de los artistas nacionales Efraín Méndez y Sofía Ruiz, durante este mes de mayo. En el caso de Sofía Ruiz, llega por primera vez a la Galería Nacional para presentar la exposición individual "Asuntos de Familia"; la cual incluye una colección de 12 pinturas trabajadas con técnicas mixtas (pintura y collage) y objetos en forma de marionetas también con técnicas míxtas.

Artistas jóvenes exponen en Galería Nacional

La Prensa Libre Mayo 2008

Fabio Mena Cordero

La artista nacional Sofía Ruiz presenta su colección "Asuntos de familia", en la sala II de la Galería Nacional. Cada vez son más los artistas que comparten con el público su trabajo y en ocasiones también se pueden encontrar jóvenes talentos que son verdaderas promesas del arte en el ámbito nacional.
Este caso, Sofía Ruiz y Efraín Méndez exponen a partir de mañana sus más recientes trabajos en las salas II y III de la Galería Nacional, en el Museo de los Niños. Se trata de las exhibiciones de pinturas tituladas "Anónimos" y "Asuntos de familia", donde de forma individual cada uno de los artistas hace un recorrido por diferentes temáticas, abordadas desde una perspectiva cuidadosamente detallada y justificada.

Sofía Ruiz llega por primera vez a la Galería Nacional para presentar su exposición, llamada "Asuntos de familia", la cual incluye una colección de 12 pinturas en gran formato finamente trabajadas con técnicas mixtas, que van desde la pintura hasta el collage. Adicionalmente incorporó tres objetos en forma de marionetas elaborados también con técnica mixta. Esta muestra de arte estará durante todo el mes de mayo en la sala II de la Galería. Por su parte, Efraín Méndez presenta la colección "Anónimos", en la sala III, una colección de 12 obras en formatos grandes y pequeños, trabajadas en óleo, acrílico y técnica mixta, utilizando materiales para hacer textura, como concha marina y mecate.

Artista anónimo

Aunque su propuesta lleva como nombre "Anónimo", Efraín Méndez no pasa incógnito en el mundo del arte, pues en su currículum ya acumula ocho años de estar vinculado, y aunque esta es la primera vez que llega a la Galería Nacional a mostrar su trabajo, no es la primera que realiza una muestra individual. "Es muy gratificante, ya que considero que es la sala de exhibición mejor acondicionada del país y brindan este importante espacio para que los artistas emergentes puedan mostrar su talento", comentó el joven artista, en referencia a la oportunidad de exponer su trabajo ahí. Dentro de las exposiciones colectivas que ha presentado el artista, se encuentran la exhibida en el Centro Cultural Español, en la Universidad Estatal a Distancia (UNED), en el Tribunal Supremo de Elecciones, en las casas de la cultura de Heredia y de Puntarenas, y la Exposición Internacional de Arte para Niños en Tokio, Japón. Además, en 2004 presentó en el Teatro Popular Melico Salazar su primera exposición individual. La presente exposición, "Anónimos", sería su segunda muestra individual. Está inspirada, según el artista, en las mascaradas como tradición popular. "Las máscaras se contemplan como una estructura social en todas sus festividades y representaciones, cumplen una doble función: la de crear anonimato en el sujeto y la de brindar una identidad. Por eso quise apropiarme de personajes tales como la giganta, el Diablo, enanos, animales, la Muerte y la Cegua, con el propósito de aclarar aspectos sobre el ser y su capacidad de crear una identidad de sí mismo o de ser el resultado de normas y artificios ajenos", explicó Méndez acerca de la inspiración y concepto de sus trabajos.

Una joven de familia

La artista nacional Sofía Ruiz, en "Asuntos de familia", presenta un concepto temático más cercano a una representación psicoanalítica, "las obras recientes forman parte de una serie cuyo corpus reflexiona desde la perspectiva psicoanalítica de Freud y Lacan, acerca de la familia, con la intencionalidad de explorar el inconsciente y la definición del yo con base en el núcleo familiar". Para ella, cada una de las obras ofrece un diálogo con algunos recursos expresionistas y con la combinación de elementos de dibujo, pintura y collage, en busca de una ironía a las convenciones del retrato familiar, tanto pictórico como fotográfico. Para lograr su objetivo, Ruiz recurrió a una paleta de colores que incentiva el tratamiento cínico sobre la estructura "normal" de la familia y que, a su vez, busca un carácter de película, por querer narrar sentimentalmente una historia que yuxtapone una interpretación de ese mundo interno en imágenes, gestos y texturas, que se refieren a una serie de circunstancias de familia. A pesar de su juventud, la artista ha realizado una serie de exposiciones colectivas en lugares de prestigio, como el Centro Cultural de la Embajada de Chile, el Centro Cultural Norteamericano, la galería de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica y la Casa de la Cultura de San Ramón. También participó en la Primera Bienal de las Américas Rafael Cauduro en Tijuana, México. Individualmente ha presentado seis exposiciones: en la Casa del Artista, en el Teatro Melico Salazar, en el Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer, en el Museo Omar Salazar, de Turrialba; en la Rectoría de la Universidad de Costa Rica y la presente exhibición en la Galería Nacional del Museo de los Niños.

Galería Nacional se llenó de talento joven

Vuelta en U Mayo 2008

David castillo Robinson

El arte joven llegó a la Galería Nacional con las exposiciones Asuntos de Familia de Sofía Ruiz y Anónimos de Efraín Méndez.En el caso de Ruiz, la propuesta incluye una colección de 12 pinturas en formatos grandes, trabajados con técnicas mixtas (pintura y collage) y tres objetos en forma de marionetas elaborados bajo la misma idea. Ruiz afirmó que las obras "dialogan con algunos recursos expresionistas y con la combinación de elementos de dibujo, pintura y el collage en busca de una ironí a de los convencionales retratos familiares". Por su parte Méndez expone 12 obras trabajadas en óleos, acrí licos y técnicas mixtas, en las que utiliza materiales para texturas como concha marina, mecate y naturaleza muerta. El artista explicó que "las máscaras se contemplan como una estructura social en todas sus festividades y representaciones. Cumplen una doble función: la de crear anonimato en el sujeto y la de brindarle una identidad". Méndez agregó que debido a eso se apropia de personajes como "la giganta, el diablo, la muerte y la segua, con el propósito de aclarar aspectos sobre el ser y su capacidad de crear una identidad de sí mismo o de ser el resultado de normas y artificios ajenos". Si desea observar ambas muestras puede visitar la Galería Nacional, ubicada en el Museo de los Niños.